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PREGUNTAR, ESCUCHAR Y ACOMPAÑAR

Una mirada desde la psicología para estar cerca cuando alguien no está pasando por
su mejor momento.


De la mano de Elena Calleja, psicóloga, aprendemos a preguntar, escuchar y acompañar con esta guía creada por ella.


PREGUNTAR DE VERDAD

Preguntar no es interrogar. Una pregunta, escuchar la respuesta y dejar espacio suele ser mucho más útil que lanzar diez preguntas seguidas.


También podemos preguntar qué necesita la otra persona: “¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos juntos qué puedes hacer?”


Y si nos dice “estoy bien”, podemos respetarlo. Quizá no sea el momento, quizá no quiera hablar con nosotros o quizá necesite que volvamos a preguntar dentro de unos días.

A veces una buena pregunta no abre una conversación inmediatamente. Simplemente deja una puerta abierta.

ESCUCHAR DE VERDAD


Escuchar parece fácil hasta que alguien empieza a contarnos algo que nos preocupa.
Entonces aparece nuestro cerebro con una colección de soluciones no solicitadas.

La intención suele ser buena. Pero escuchar y solucionar no son lo mismo, ya que escuchar implica intentar comprender antes de intentar arreglar.


Cuando escuchamos:
• Dejamos terminar.
• No juzgamos.
• No comparamos.
• No quitamos importancia.
• No convertimos automáticamente la conversación en una historia sobre nosotros.
• Podemos soportar los silencios.


Y algo importante: validar no significa estar de acuerdo con todo. Podemos no compartir la interpretación que hace alguien de una situación y, aun así, reconocer que lo que está sintiendo es real

¿QUÉ DIGO SI NO SÉ QUÉ DECIR?



Aquí tengo una buena noticia desde la consulta: no saber qué decir no es un problema.
No tenemos que convertirnos de repente en psicólogos, terapeutas, gurús o maestros zen.


Podemos decir simplemente:
• “No sé muy bien qué decirte, pero estoy aquí.”
• “No tengo una solución para esto, pero puedo escucharte.”
• “No sé exactamente cómo te sientes, pero quiero entenderlo.”
• “Gracias por contármelo.”
• “No tienes que solucionarlo todo hoy.”


La presencia también acompaña. A veces podemos sentarnos, dar un paseo, tomar un café o mandar un mensaje. No todo lo que ayuda tiene que sonar profundo

FRASES QUE DECIMOS CON BUENA INTENCIÓN… Y NO SIEMPRE AYUDAN


Cuando vemos sufrir a alguien, queremos que deje de hacerlo. Es humano. El problema es que, a veces, intentamos hacer desaparecer la emoción en lugar de acompañarla.

A veces decimos: «Anímate». También podemos decir: «¿Qué necesitas ahora mismo?».

 A veces decimos: «No pienses en ello». También podemos decir: «Si quieres, puedes contarme qué te preocupa».

 A veces decimos: «Todo pasa». También podemos decir: «Ahora mismo puede ser difícil. No tienes que atravesarlo solo».

A veces decimos: «Tienes que ser fuerte». También podemos decir: «No tienes que poder con todo tú solo».

 A veces decimos: «Seguro que mañana lo ves de otra manera». También podemos decir: «Hoy podemos centrarnos en este momento». 


Y una pregunta que puede ser muy útil para nosotros mismos:
¿Estoy intentando comprender a esta persona o estoy intentando que deje de sentirse mal porque a mí me cuesta verla así? Esta diferencia cambia bastante la forma de acompañar




ACOMPAÑAR SIN INVADIR


No todas las personas necesitan lo mismo cuando están mal. Algunas necesitan hablar durante horas. Otras prefieren salir a caminar. Otras quieren estar solas. Y otras dicen que quieren estar solas mientras, en realidad, agradecen muchísimo que alguien les escriba al día siguiente.


Por eso podemos preguntar:
“¿Qué necesitas de mí ahora mismo?”
Y ofrecer opciones:
• “¿Quieres hablar?”
• “¿Prefieres que demos un paseo?”
• “¿Quieres que simplemente esté contigo?”
• “¿Hay algo concreto con lo que pueda ayudarte?”


Si nos dice “ahora no quiero hablar”, podemos respetarlo sin desaparecer. Dar espacio también puede ser una forma de estar.

ACOMPAÑAR NO ES SALVAR



Esta es una de las cosas que más me gusta recordar cuando hablamos de cuidar a otras personas.


Podemos acompañar. Pero no podemos vivir el proceso emocional de otra persona por ella. Podemos escuchar, estar disponibles, ayudar, animar a pedir ayuda profesional y acompañar en ese camino. Pero no podemos convertirnos en responsables de que alguien esté bien.
Y esto también vale para las personas que queremos muchísimo. 

Querer a alguien no significa tener que saber solucionar lo que le pasa.A veces la ayuda más responsable es reconocer:
“Te quiero y me importas, pero creo que necesitas una ayuda que yo no puedo darte solo.” Eso también es cuidar y ayuda y reconforta más de lo que imaginas



¿CUÁNDO PUEDE SER IMPORTANTE BUSCAR AYUDA
PROFESIONAL?


No todo momento difícil necesita terapia. Hay etapas de tristeza, preocupación, duelo, estrés o
incertidumbre que forman parte de la vida, pero hay ocasiones en las que el malestar empieza a ocupar demasiado espacio.


Puede ser recomendable consultar con un profesional cuando:

• Interfiere de forma importante en el día a día.
• Afecta al trabajo, los estudios o las relaciones.
• La persona empieza a aislarse cada vez más.
• Hay cambios importantes en el sueño o la alimentación.
• Deja de disfrutar de cosas que antes disfrutaba.
• La ansiedad o la preocupación resultan difíciles de manejar.
• Aparece una sensación de desesperanza o de no poder más.


No hace falta diagnosticar a nadie desde la mesa de un café ni decirle: “Tú lo que tienes es ansiedad”. Podemos simplemente observar, preocuparnos y ofrecer una posibilidad:
“Llevas un tiempo pasándolo mal. Quizá hablar con un profesional podría ayudarte. Si quieres, puedo acompañarte a dar ese paso.” No hace falta tocar fondo para pedir ayuda

Y NOSOTROS TAMBIÉN NECESITAMOS LÍMITES


Acompañar a alguien que lo está pasando mal puede ser agotador. Podemos querer muchísimo a una
persona y, aun así, no tener capacidad para estar disponibles a cualquier hora o resolver cualquier problema.


Podemos decir:
“Ahora mismo no puedo hablar durante horas, pero quiero buscar un momento para estar contigo.”
O: “No sé cómo ayudarte con esto yo solo. Creo que necesitamos pedir más ayuda.”


Cuidar a alguien no debería significar desaparecer nosotros por el camino. Poner límites no es querer menos.

UN PEQUEÑO KIT PARA ACOMPAÑAR


5 PREGUNTAS:
• “¿Cómo estás de verdad?”
• “¿Qué es lo que más te preocupa ahora?”
• “¿Quieres hablar de ello?”
• “¿Qué necesitas de mí?”
• “¿Quieres que volvamos a hablar de esto otro día?”


5 FRASES:
• “Estoy aquí.”
• “Gracias por contármelo.”
• “Tiene sentido que te esté afectando.”
• “No tienes que solucionarlo todo hoy.”
• “No sé exactamente cómo te sientes, pero quiero entenderlo.”


5 GESTOS:
• Escribir para preguntar cómo está.
• Proponer un paseo.
Preguntar, escuchar y acompañar · Elena Calleja, psicóloga
• Llevarle algo de comer.
• Ayudar con una tarea concreta.
• Volver a preguntar unos días después.


Porque acompañar no siempre significa tener una conversación trascendental. A veces significa simplemente aparecer y no desaparecer.


Y recuerda, cuando no sepamos qué decir:
“No sé exactamente qué decir, pero estoy aquí.”
Quizá no sea la frase más sofisticada del mundo. Pero muchas veces, tampoco hace falta. Porque al final, acompañar no consiste en tener todas las respuestas. Consiste en que la otra persona no sienta que tiene que atravesarlo todo sola




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